Mis clases de antropología no parten de una lista cerrada de conceptos, sino de una pregunta viva: ¿desde dónde conocemos y para qué? Trabajo la antropología como una disciplina de cruce, donde la etnohistoria dialoga con las tradiciones espirituales, la filosofía, la neurobiología cultural, la ecología simbólica y el pensamiento complejo. No concibo al ser humano como un objeto de estudio aislad...
Mis clases de antropología no parten de una lista cerrada de conceptos, sino de una pregunta viva: ¿desde dónde conocemos y para qué? Trabajo la antropología como una disciplina de cruce, donde la etnohistoria dialoga con las tradiciones espirituales, la filosofía, la neurobiología cultural, la ecología simbólica y el pensamiento complejo. No concibo al ser humano como un objeto de estudio aislado, sino como territorio–cuerpo–memoria–consciencia, siempre en relación.
La metodología combina tres ejes: rigor académico, experiencia situada y reflexión crítica. Leemos textos clásicos y contemporáneos, pero no los tratamos como dogmas: los desmontamos, los contextualizamos históricamente y los ponemos en tensión con otras ontologías —mesoamericanas, chinas, amazónicas, medievales, modernas— y con la experiencia vivida. Uso mapas conceptuales, esquemas comparativos, narrativas históricas, análisis simbólico y, cuando el grupo lo permite, ejercicios de observación etnográfica y autoetnográfica.
La dinámica de clase es dialógica y flexible. Hay momentos de exposición estructurada, pero también espacios de conversación profunda, silencios fértiles y preguntas que no se responden de inmediato. Me interesa que el alumno aprenda a pensar relacionalmente, a detectar continuidades y rupturas entre mito, ritual, historia, política, ciencia y experiencia subjetiva. No se trata de memorizar culturas, sino de aprender a leer mundos.
Mi experiencia se nutre tanto de la academia formal como del trabajo interdisciplinario: investigación etnohistórica, estudio comparado de religiones, neurociencias, psicofarmacología cultural y práctica artística. Esto me permite acompañar a alumnos de distintas edades y trayectorias —estudiantes, terapeutas, artistas, investigadores o personas simplemente curiosas— ajustando el nivel sin perder profundidad.
Mis clases buscan formar criterio, sensibilidad y pensamiento propio. No prometo respuestas simples, pero sí herramientas sólidas para orientarse en la complejidad del mundo y habitarlo con mayor conciencia.
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